Carta abierta de la amistad
Vuelvo a la sombra del árbol que abandoné hace ya varios meses. Creo que empezar a buscar excusas del abandono sería injusto para vosotros, lectores amigos. Vuelvo al valle umbrio donde no debí faltar y vuelvo hoy para hacer una exaltación de la amistad.
Podría enumerar los lugares comunes que se refieren a la amistad pero sería quitar verosimilitud a mis palabras. Por tanto he decidido exaltarla desde las alturas, desde las más altas montañas. No, más que en la cresta me quedaré en el camino que lleva hacia ella. El camino de la amistad está llena de dificultades que se deben salvar pero sobre todo está plagado de buenos senderos que se recorren con gusto, con un placer inmenso. Esos momentos son los que quiero exaltar. Esos momentos son los que nos vuelven grandes, mejores. Son aquellos donde abrazar al amigo, o simplemente excucharle, hacen que el resto del mundo pierda su nitidez y nos veamos apegados a ese ser que comparte con nosotros.
Siempre nos creemos poco dignos de la amistad del otro, pero eso unicamente nos obliga a ser mejores, tanto con nosotros como para con ellos. Lamentablemente los senderos de la ascensión a la montaña están llenos de problemas. Grandes amistades terminan en desasosiego, en olvido. Por ellas también brindo, ya que como somos nosotros, a través de la memoria, las que las hacemos eternas.
Brindo entoces por esas amistades perdidas, por las amistades verdaderas y las pasajeras, por los grandes momentos de amistad y por los malos, ¡qué coño!, que nos hacen mejores y nos sirven para llegar a la cresta.
En definitiva, a todos, para mí los mejores: ¡Nos vemos en la cresta!
DAVID
Podría enumerar los lugares comunes que se refieren a la amistad pero sería quitar verosimilitud a mis palabras. Por tanto he decidido exaltarla desde las alturas, desde las más altas montañas. No, más que en la cresta me quedaré en el camino que lleva hacia ella. El camino de la amistad está llena de dificultades que se deben salvar pero sobre todo está plagado de buenos senderos que se recorren con gusto, con un placer inmenso. Esos momentos son los que quiero exaltar. Esos momentos son los que nos vuelven grandes, mejores. Son aquellos donde abrazar al amigo, o simplemente excucharle, hacen que el resto del mundo pierda su nitidez y nos veamos apegados a ese ser que comparte con nosotros.
Siempre nos creemos poco dignos de la amistad del otro, pero eso unicamente nos obliga a ser mejores, tanto con nosotros como para con ellos. Lamentablemente los senderos de la ascensión a la montaña están llenos de problemas. Grandes amistades terminan en desasosiego, en olvido. Por ellas también brindo, ya que como somos nosotros, a través de la memoria, las que las hacemos eternas.
Brindo entoces por esas amistades perdidas, por las amistades verdaderas y las pasajeras, por los grandes momentos de amistad y por los malos, ¡qué coño!, que nos hacen mejores y nos sirven para llegar a la cresta.
En definitiva, a todos, para mí los mejores: ¡Nos vemos en la cresta!
DAVID













