viernes, diciembre 23, 2005

Carta abierta de la amistad

Vuelvo a la sombra del árbol que abandoné hace ya varios meses. Creo que empezar a buscar excusas del abandono sería injusto para vosotros, lectores amigos. Vuelvo al valle umbrio donde no debí faltar y vuelvo hoy para hacer una exaltación de la amistad.

Podría enumerar los lugares comunes que se refieren a la amistad pero sería quitar verosimilitud a mis palabras. Por tanto he decidido exaltarla desde las alturas, desde las más altas montañas. No, más que en la cresta me quedaré en el camino que lleva hacia ella. El camino de la amistad está llena de dificultades que se deben salvar pero sobre todo está plagado de buenos senderos que se recorren con gusto, con un placer inmenso. Esos momentos son los que quiero exaltar. Esos momentos son los que nos vuelven grandes, mejores. Son aquellos donde abrazar al amigo, o simplemente excucharle, hacen que el resto del mundo pierda su nitidez y nos veamos apegados a ese ser que comparte con nosotros.

Siempre nos creemos poco dignos de la amistad del otro, pero eso unicamente nos obliga a ser mejores, tanto con nosotros como para con ellos. Lamentablemente los senderos de la ascensión a la montaña están llenos de problemas. Grandes amistades terminan en desasosiego, en olvido. Por ellas también brindo, ya que como somos nosotros, a través de la memoria, las que las hacemos eternas.
Brindo entoces por esas amistades perdidas, por las amistades verdaderas y las pasajeras, por los grandes momentos de amistad y por los malos, ¡qué coño!, que nos hacen mejores y nos sirven para llegar a la cresta.

En definitiva, a todos, para mí los mejores: ¡Nos vemos en la cresta!

DAVID

jueves, julio 14, 2005

REFLEXIONES SOBRE "CADEAU" (CONTINUACIÓN 3ª parte y final)

A esta idea del triángulo-mujer se le puede encontrar una excepción. Hay un triángulo que domina la composición de una fotografía, que acuchilla el aire que lo rodea, es el triángulo que forma la nariz de Marcel Proust en su lecho de muerte, posiblemente ninguna fotografía del siglo XX muestre de una forma tan tensa el silencio alrededor de un rostro. La respiración del espectador se congela y en ese momento no hay nada tan alejado de la sexualidad, del vello púbico femenino, ni tan siquiera del dolor o el sufrimiento, allí hay paz, sólo paz.



Cadeau puede ser visto también desde otra perspectiva; sería dar respuesta a un postulado de Duchamp “tomad un Rembrandt y usadlo como si fuera una tabla de planchar”, que mejor que el regalo de Ray para romper con un pintor que representa el pasado de la pintura. La fijación con el maestro holandés se repite en numerosas ocasiones, como en la obra que Picabia presentó en Théâtre de l’oeuvre, Cuadro dadá (1920), en un amplio marco en el que aparecía pintada la palabra portrait y a continuación, en cada lado del rectángulo, Rembrandt, Renoir y Cezanne. El hueco para el retrato tenía que corresponder a un mono vivo, pero los problemas que estaba poniendo el simio para ser atado al marco hizo que sus camaradas le recomendaran colocar un muñeco. Por tanto tenemos a Rembrandt como un simio, un antepasado del hombre actual, al igual que los más recientes Cezanne y Renoir; como buen dadaista, si a Picabia se le puede catalogar en algún grupo, la ruptura con lo anterior tenía que ser plena. Y el acto de destrozar sus cuadros, de plancharlos, sin lugar a dudas el añadido puntiagudo de Ray facilitaría la función.

El otro elemento de Cadeau son los clavos de tapicero, catorce en la versión original, pero que en las reproducciones posteriores llegaron a ser trece. Conocemos por Man Ray las instrucciones que dio para hacer una edición limitada de diez Cadeaux, en una galería de Milán, describiendo el proceso que llevó a cabo él en 1921: “First it is necessary to draw a pencil line down the middle, right angle to the base, as a guide, and dip the head of the tack in some glue on a piece of paper –let dry for a couple of days. To facilitate the handling, place the iron upside down between two piles of books”. Ya antes se había añadido clavos en una obra artística, caso de algunas obras cubistas, pero nunca en su posición más agresiva, en la que su hiriente punta entra en nuestro espacio. Sin embargo Picasso retomará la posición agresiva de Cadeau, en un deseo por escandalizar, de optar por nuevas posturas provocativas, realizará Guitarra (1926), el paralelismo entre ambas obras ha sido visto por Timothy Hilton que pone la obra de Ray como antecedente. Picasso realizó su obra a base de pintura, arpillera, papel encolado, cuerda y diecisiete clavos de cinco centímetros que perforaban el lienzo desde el dorso, atravesando la superficie e irrumpiendo hacia el espectador. Picasso confesó a Roland Penrose que barajó la posibilidad de cubrir el marco con cuchillas de afeitar, logrando realizar una obra no sólo agresiva sino que además intocable, recuperando con ello las palabras que aparecían en una divisa del siglo XVI que venía ilustrada con un cardo: “Sufre o abstente”, tocarlo implicaría sufrimiento, dolor. Puede ser que Man Ray colocara aquellos clavos, seguimos intentando buscar respuesta a algo que no la tiene, para atentar contra la mujer que comprueba con su dedo humedecido la temperatura de la plancha. Igualmente tanto Ray como Picasso buscaban un objetivo bastante limitado, la notoriedad de tomar esta postura antiartística, de escandalizar, de épater le bourgeois, que heredará el surrealismo, y que se confabula con lo que al fin y al cabo ha sido la lucha del arte de principios de siglo, la posición de congraciarse o de irritar los gustos burgueses.

El significado de las obra Dadá era anterior a toda preocupación estética o moralizadora, y a esto daba el carácter irrisorio a unas obras que ningún dadaista pretendía que duraran o sirvieran de modelos. La sorpresa de la que Apollinaire hablaba se ha convertido en escándalo y éste escándalo desemboca en la resolución más emblemática de las obras Dadá, el robo o la desaparición, en definitiva del objeto perdido, con la concepción del zapato de la Cenicienta como señaló Bretón. Como se perdió La fuente de Duchamp y el Cuadro dadá de Picabia, así desapareció Cadeau, la misma tarde en que Man Ray la colocó en la exposición. La Flatiron llevaba por título “regalo” y como tal podía ir dirigida al dueño de la galería, Soupault, a modo de presente y aquí toman vida las palabras que Ettie Stettheimer mandó, en agradecimiento por un regalo, a Marcel Duchamp en forma de pequeño poema titulado Pensée-Cadeau: vers un amie:


Je voudrais être faite sur mesure
Pour toi, pour toi
Mais, se suis ready-made par la nature,
Pour quoi, pour quoi ?
Comme je ne le sais pas j’ai fait des rectifications
Pour moi-

Una desaparición que intentó salvaguardar la moralidad artística; el robo de un coleccionista desconocido que veía más allá que sus contemporáneos; el arrepentimiento de un artista juguetón; el galerista ofendido. De todas formas la única conclusión que podemos obtener de Cadeau se lo debemos preguntar a su autor o visitar el misterioso epitafio que cubre su tumba y que por expreso deseo no puede reproducirse. Por lo que deberemos peregrinar al reino de los muertos de Montparnasse, pero eso será en otra ocasión...“Alguna vez Man Ray alguna vez. Alguna vez Man Ray alguna vez. Alguna vez Man Ray alguna vez. Alguna vez alguna vez”...
FIN
Esto ha sido todo, espero que os haya gustado tanto como disfruté yo haciéndolo...
DAVID

miércoles, julio 13, 2005

REFLEXIONES SOBRE "CADEAU"(CONTINUACIÓN 2ª parte)

No era nada nuevo, Tzara en su manifiesto del señor Astipirina ya decía que el arte no era cosa seria. Quizás sea lo grotesco lo que pretendió Man Ray al comprar aquella plancha del escaparate, al igual que la Virginia de Baudelaire, aquella joven que simboliza la pureza y la ingenuidad absoluta, que como Ray, llega a París y dentro de una vitrina, de un escaparate, queda atrapada por un objeto de su interior, en su caso, una caricatura impura,- ¿Era impura la visión que cruzó como una exhalación por la cabeza de Ray al ver la plancha?- como en Cadeau, la caricatura enía una doble visión. La caricatura en sí y la idea, la primera violenta, la segunda mordaz y velada. Y como el espectador que vio Cadeau Virginia tampoco comprendía lo que “quería decir, ni para qué sirve”, sin embargo al contaminarse de París, “de su ciencia”, la vendrá la risa. Esta risa, que para Baudelaire provenía de la propia superioridad, se iguala con la idea satánica, la que tiene el hombre, de forma violenta, antes la visión de objetos “que no son signo de debilidad o desgracia de sus semejantes”, por ello no es cómico sino grotesco, ya que esto último conlleva algo más profundo, que atañe a nuestro interior, a lo primitivo que hay en nosotros. En esta práctica se reconoce la actitud irónica y provocativa del dadaísmo que, en un mundo regido por la lógica y el poder de las máquinas, se esfuerza en sacar al arte del sistema de valores establecidos determinando la naturaleza del objeto técnico y el objeto estético.

La amistad que estableció con Marcel Duchamp en el Armony Show en 1913 tendría una importancia capital en su devenir artístico. Las sensaciones son diversas, pero nunca una obra como la que aquí presentamos deja inmutable. Es convulsa, requisito que pide André Bretón para que le infiera un escalofrío al contemplarlo, sensación que compara con el placer erótico; de hecho sentencia: “la belleza convulsiva será erótico-velada, explosiva-fija, mágico-circunstancial o no será”. Y una obra de Man Ray no puede ser otra cosa que erótica, comentario de nada gratuito, sino que recoge su forma de actuar cuando afirma que sus creaciones, ya pueden ser pinturas, fotografías o esculturas, sueles aparecer, de forma más o menos velada, desnudos, apostillando “y debe confesar que esto no se debe únicamente a razones puramente artísticas”.

En su basta producción fotográfica los desnudos ocupan un lugar de honor. Le gustaba retratar a sus amantes, que le servían de modelos, – Kiki de Montparnasse, Lee Millar o Juliet Browner – o las de su grupo de amigos – Nusch Elouard (la Gala de Dalí), Dora Maar o Meret Oppenheim.



Es curioso que las representaciones de la mujer en sus assemblages tengan una forma triangular, tanto Cadeau como Woman (1918) o el Objeto indestructible (1923) donde el ojo de una mujer, Lee Millar, se mueve al ritmo de la aguja del metrónomo, inmersas en una composición triangular.


También sus fotografías nos dejan ver una fijación hacia esta forma. Por mencionar algunas obras recordemos:
- Woman Smoking a Cigarette (1920)


Noire et blanche (1926)


Priere (1926)



La relación que se establece entre la plancha y la mujer muestra un carácter intrínsico. Pero no sólo por la relación que se estableció entre el trabajo de planchar, eminentemente domestico y, debido al carácter machista de nuestra sociedad, dentro de las labores de la mujer, como ya vimos en Degas. Además aquí establecemos otra relación la que se crea entre estas formas triangulares y lo que para Courbet era el Origen del mundo.





Volvemos a tomar las palabras de Tristan Tzara: “Y más abajo, sexos de mujeres, con dientes, que se lo tragan todo”. Eso es Cadeau, una vagina invertida, con unos fieros dientes que salen al exterior, que hieren, que son violentos contra el que quiere acariciar con la mano la superficie de la plancha.

Ya sólo queda una parte, quizás la mejor...


Besos y/o abrazos

DAVID

jueves, junio 16, 2005

REFLEXIONES SOBRE "CADEAU" (CONTINUACIÓN)

“Ya nadie sabe dónde nació Monsieur Ray. Tras haber sido sucesivamente carbonero, varias veces millonario y presidente del trust de la goma de mascar, ha decidido aceptar la invitación de los dadaístas y exponer en París sus últimos lienzos”, rezaba el catálogo de la exposición que promovió Soupault sobre obras de Man Ray.

Los parisinos que iban llegando a la Librairie Six, la fría tarde de diciembre de 1921, agitaban la invitación que les daba el pase a la Exposition dada Man Ray. Constaba de treinta y cinco obras: óleos, collages, pinturas aerográficas a la tinta y gouaches. Al poco de llegar el artista americano a París encontró un ambiente propicio, cálido, que se abrió al hombre venido de allende los mares; además contaba con la recomendación de un genio peculiar, Marcel Duchamp. También su llegada servía para traer savia nueva al ambiente cultural que determinaba Dadá, que por entonces estaba dando sus últimos coletazos. ¿Quién mejor que un extraño entre los tan traídos y llevados personajes del ambiente de Montparnasse para reivindicar que Dadá no había muerto?. Esos personajes eran los mismos que a la vuelta del verano añadieron sus firmas al catálogo de la exposición, hablamos de Tristan Tzara, Louis Aragon, Hans Arp, Max Ernst, Paul Éluard y, por supuesto, Soupault que escribió: “La lumière ressemble à la peinture de Man Ray comme un chapeau à une hirondelle, comme une tasse de café à un marchand de dentelle, comme une lettre à la poste”.


Uno de aquellos que agitaban la invitación era un vejete con aire de adolescencia en sus ojos, remarcada por una sonrisa bajo aquella barba blanca, con la peculiar apariencia que le daban quevedos, bombín, abrigo negro y paraguas; “who looked like an undertaker or an employee of some conversation bank”, dice Man Ray en su Self Portrait. El vejete invitó al artista a tomarse un grog en una cafetería cercana y allí se presentó como Erik Satie, el compositor que inspiró al llamado Group des Six, pero sobre todo, el músico vanguardista que pasó a la posterioridad tras componer la música, en 1917, de Parade para los ballets rusos de Diaghilev, que además reunió a Jean Cocteau y a Pablo Picasso.


Al regresar a la galería, con algunas copas de whiskey de más que ayudarán a sobrellevar el frío día, pasaron delante del escaparate de una tienda, allí se detuvieron y Ray observó una plancha, de aquellas que se calientan en estufas de carbón. Satie sirvió de intermediario de la compra, ya que el francés del americano dejaba mucho que desear. Adquirió la plancha, una caja de tachuelas y un tubo de pegamento: “We passed a shop where various household utensils were spread out in front. I picked up a flatiron, the kind used on coal stoves, asked Satie come inside with me, where, with his help, I acquired a box of tacks and a tube of glue. Back at the gallery I glued a row of tacks to the smooth surface of the iron, titled it, The Gift, and added it to the exhibition". Con todo ello creó Cadeau, el regalo, y lo añadió a la exposición. Man Ray en su autobiografía asegura que siempre sospechó que el propietario de la galería Soupault la hizo desaparecer esa misma tarde. Al realizar este acto había creado un assemblages lo que los surrealistas llamaron objets désagréables, lejos de los ready-madesde su amigo Duchamp, un objeto que impedía al espectador estar pasivo ante su visión, en principio agresivo, ¿y al final?

Posted by Hello




¿Qué es Cadeau? Contestar a la pregunta implicaría dar una explicación a todo el arte Dadá, por lo tanto se nos antoja imposible. Cadeau es una “flatiron with a row of tacks”, nosotros diríamos una plancha con clavos, simple y llanamente, pero nuestra sensibilidad necesita encontrar la explicación racional que nos pide algo más plausible. Si nos remitimos a las palabras del autor vemos que él se refiere a su obra como algo “iconoclasta” pero sobre todo reniega de que se dé una seriedad a algo que para él no la tiene. La solución, o el resumen a todo el trabajo está en la definición que dio Duchamp de su amigo y que éste recogió en el frontispicio de su autobiografía “MAN RAY, n. m. synm. de Joie jouer jouir”. Acepción de diccionario, breve, concreta, sin ambigüedad, así era Man Ray y así eran sus objetos: “designed to amuse, annoy, bewilder, mystify, inspire reflection, but not to arouse admiration for any technical excellence usually sought or valued in objects classified as works of art”, sin embargo no pudo impedir que sus obras fueran bastiones del arte del siglo XX, obras que formarían para el sus “objetos predilectos” , denominación que reunía los objetos creados a lo largo de su vida y que tenían un sentido espacial para él. Objetos despojados de su función utilitaria, que a veces se vuelven agresivos, como en Cadeau o Objeto indestructible; otros insólitos como El enigma de Isidore Ducasse o evocadores Obstrucción. Todos ellos revelan un humor poético, característica que presiden sus assemblages.

Lo importante para Man Ray era la creación, “estaba convencido de que sentarse frente a un tema era un impedimento para realizar una obra realmente creativa...Dejaría de inspirarme en la naturaleza y me inclinaría prioritariamente hacia los objetos fabricados por el hombre...” reconociendo que en su manera de actuar primaba la originalidad La actitud de Man Ray ante el objeto es menos provocativa que la de Duchamp, es, como ya hemos dicho, de naturaleza más poética. El objeto abandona su olvido doméstico para pasar a una nueva existencia, como es el guiño que hace al que será el libro de cabecera de los surrealistas, Los cantos de Maldoror del conde de Lautréamont, pseudónimo de Isidore Ducase, y que Ray conocería muchos años antes fruto de su matrimonio con Adon Lacroix, al empaquetar con una manta una máquina de coser. En todo ello reina el humor.



De nuevo un saludo y agradecimiento por haber leido estas líneas.



Salud


DAVID

jueves, junio 09, 2005

EXORDIO de "CADEAU" de Man Ray

Ella se ha detenido, ha clavado sus ojos en los nuestros, pero no ha separado su mano de la plancha, plancha que está sobre la fina tela que se estira sobre la oculta mesa que sirve de soporte. La joven quedó atrapada algún día de 1869 de manos del pintor Degas.

Con esta obra se iniciaría lo que compondrá una serie, la de Les repasseuses (Las Planchadoras). Cinco años después repetiría elementos pero no postura, ahora el rostro se nos oculta, se vuelca sobre la plancha que ahora centraliza la composición. Pero sin lugar a dudas la imagen más recordada es la Dos planchadoras, de la colección Camondo, ahora en el museo del d’Orsay, aparecen dos mujeres de edad indeterminada, una bostezando con una botella en la mano, la otra encorvada, planchando, en tensión sobre la plancha, que al no estar demasiado caliente, requiere un sobreesfuerzo, sacando su parte animal “Ces bras nobles et longues, lentement en fureur,/ Lentement en humaine et cruelle tenderse,/Flèches que décochait une âme de déese / Et qui s’allaient fausser à la terre d’erreur;”. La representación de esta actividad puede ser calificada de vulgar pero no es sino una muestra directa de la realidad en la que gustaba sumergirse el pintor parisino. La plancha, o mismamente el acto de planchar, ha sido tomado otras veces como motivo para otros artistas.

Recordemos aquí que bastantes años antes que Degas, otro francés, Louis-Léopold Boille, mostró un gran interés por retratos domésticos y de género, sintió atracción por una joven doncella mientras planchaba hacia 1800, pero lejos de las sufridas mujeres de Degas, ella se nos muestra, nos mantiene la mirada pero no corrige su posición inclinada, mostrando el prominente escote de una forma cuando menos provocativa.


Que lejos queda de esta sensualidad el mortecina rostro que nos muestra Picasso, quien vuelva a retomar la mujer que sufre, que se consume en el esfuerzo sobre la plancha. Trabajo que ha terminado por configurar su cuerpo, su vida.


La plancha, el acto de planchar, la mujer, lo erótico, el sufrimiento-dolor, el trabajo... Todos ellos elementos que aparecen en mayor o en menor medida en la obra que va a copar los siguientes capítulos, Cadeau de Man Ray.
DAVID
(Espero que disfruteis estas páginas, de ser así hacérmelo saber y publicaré el resto)

viernes, junio 03, 2005

MALOS MOMENTOS

¡Qué malos momentos!

Parece mentira que a esta altura de la película aún me pueda sorprender lo increiblemente mal que se pasa en época de exámenes, es absurdo, pero cierto. Después de marathonianas sesiones de biblioteca se llega a un punto que uno hace crack. Se acabó. Es imposible continuar. Se necesita coraje y valor para tomar la determinación de dejarlo por unos momento y huir. Pero huir dónde.

Creo que este lugar, nuestro locus amoenus particular (verde valle con un río cristalino que permite parar el tiempo mientras se descansa apollado a la corteza de su árbol milenario), es un buen lugar para ese lapsus.

La necesidad de un tiempo propio es vital para el hombre, olvidarse de todo lo que le rodea y sumergirse en sus pasiones, en sus miedos, en su vacio... Demasiado triste para este lugar, sería más propio de su alter ego, el locus eremus, pero es un lugar al que no es recomendable acceder.
Por lo tanto necesitaré de unos momento de olvido, de dejar la mente en blanco, de divagar por lugares imaginarios...

La tarea es ardua, pero no imposible. De todas formas a todos los estudiantes, o a los que pasaron por ello, le hago una pregunta: ¿No es cierto que no hay mejor cosa que el momento inmediato de terminar el último examen? Cuando ya todo acabó, cuando se regurgitó todo y se queda uno tan vacio de conocimiento como lleno de tiempo libre. Tiempo que al principio es hermoso e inabarcable pero que poco a poco nos asfixia y necesitamos de esos mometos malos, angustiosos, indescriptible... necesarios.

Tal véz sea solo imaginaciones mías, seguramente, pero siempre es bueno aplicar la máxima de "mal de muchos..." y sobre todo la de "si te pasa a ti también le pasa a los demás".

Bueno después de estas palabras que han sido más para mí que para un virtual lector, me despido, no sin antes autoanimarme y pensar que el fin está cerca. Qué el árbol de cerrado follaje está esperándome para acogerme en este cálido verano.

Besos y hasta pronto

DAVID

viernes, mayo 27, 2005

LA CLARABOYA

Como decíamos ayer...

(Siempre me han encantado estas palabras de de Fray Luis de León cuando reinició sus clases en la universidad de Salamanca tras pasar por la cárcel).

Es una bella manera de saludar a un público al que se entiende como amigo. Es, por tanto, la manera que he elegido para mi bautismo en esto de los blog. Además debo que estas palabras luzcan aquí a las cenizas de otro blog; el blog en cuestión es el de mi amigo Dani. Fue gracias a él que me encontré en este valle y aquí me pondré bajo un árbol frondoso a escribir de vez en cuando, por tanto a ese genio de Zaragoza se deben las raices de dicho árbol.

DAVID